Confrontación entre la docencia
y mi profesión.
Soy
Ingeniero en Sistemas Computacionales, la verdad nunca me imagine que sería
docente y menos de preparatoria; no estudié esta carrera con el propósito de
dar clases, la idea de dar clases surgió cuando estaba terminando mi carrera,
estaba a punto de titularme y una persona de mi familia me dijo que a dónde
pensaba ir a trabajar, le dije que no sabía, me dijo que había un puesto
vacante en el CECyTEO y que si quería podía decirme con quién tenía que dirigirme
para que me dieran el empleo, la verdad tenía escasos 23 años, sin ninguna
experiencia laboral, más que la de la residencia profesional en la refinería de
Salina Cruz, donde inicié un sistema que quedó inconcluso; tenía mucho miedo,
no sabía qué hacer, le había dado clases a unos niños (de catesismo) con una
metodología predefinida y un cuaderno para el maestro y otro para el niño,
donde venían las actividades que teníamos que hacer y lo que había que
aprender, así como la manera de evaluarlos, pero así estando las cosas y con
esa poca experiencia en la docencia con niños, me animé a meter mis papeles en
el CECyTEO, la primera vez que dí clases, estaba temblando, no sabía que decir,
así que empecé por preguntar sus nombres y sus hobbies, para conocerlos, al
principio solo daba una clase de tres horas a la semana y las demás horas
laborables eran como encargada de la sala de computo, después me cambiaron de
escuela y es que para que me dieran mi plaza dure 2 años como interina, y
durante ese tiempo conocí varias escuelas; por lo general cada semestre me
cambiaban a un nuevo centro educativo, estuve en EMSaD y en Plantel y
actualmente sigo en EMSaD (Educación Media Superior a Distancia) ubicadas por
lo general en comunidades alejadas de la ciudad
en zonas rurales.
Después
de mi primer semestre, en el que siento que no me fue tan bien, me puse a
comprar libros y a buscar material de Internet para dar mis clases, después ya
era todo un caos, porque tenía tanta información que no sabía bien como
transmitirla con los alumnos, poco a poco
con la práctica y viendo qué es
lo que me funciona es que me he acostumbrado que ahora ya me siento como pez en
el agua.
Creo
que ser profesor es toda una responsabilidad, y me siento orgullosa de esta
nueva profesión que he adoptado, aunque me considero pseudodocente, pues no
tengo estudios en pedagogía, pero cuando veo la transformación que sucede en
mis alumnos, y comparo el antes del ahora, y veo que ya no le tienen miedo a la
computadora, que ya se defienden en el Internet
y que sus trabajos en Word han mejorado, eso me llena de satisfacción,
ver que mi empeño rinde frutos y que mis alumnos lo aprovechan.
Pero
debo decir también que a veces me frustro, cuando mis alumnos no me entienden o
no pueden aplicar lo que les enseño, considero que necesito más paciencia,
porque me falta táctica para tratar a los alumnos; son jóvenes inquietos; que
les gusta jugar, enamorarse y que están en una edad, donde muchas veces no
toman con seriedad los estudios, y eso a veces me desmotiva, porque yo trato de
dar lo mejor de mi y muchas veces eso parece no importarles mucho. Y no espero reconocimiento alguno, pero si me
gustaría que siempre aprovecharan el momento que tenemos para aprender, me
enfada que los cache en el Internet chateando o enviándose correos o jugando
cartas cuando deberían estar atendiendo a la clase.
Considero
que mi mayor meta o propósito como docente es que pueda de algún modo motivar a
mis alumnos en el aprendizaje y que esa
motivación la puedan mantener constante, que le encuentren una razón de ser el
echo de estudiar y aprender, que no vean la escuela como algo obligatorio o que
no vean las clases como el “ya ni modo” si quiero tener mi certificado de
bachillerato tengo que entrar a “esta clase”, sino todo lo contrario, que
entren con emoción, de que pueden aprender algo nuevo en cada clase.